Steve Jobs y su pasión por la tipografía

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La relevancia de la tipografía es mayor de la que uno se imagina. A muchos diseñadores, incluso, les toma más tiempo elegirla adecuadamente que crear el mensaje a transmitir. ¿La razón? La tipografía es expresión pura. Es el elemento que forma conceptos y crea emociones. En el caso de una marca, por ejemplo, con tan sólo ver la tipografía que utiliza, ya podemos apreciar su personalidad, los pilares en los que se desarrolla y el mensaje que desea comunicar al público.

Steve Jobs era consciente del poder de la tipografía. Por esta razón, la tipografía digital nació con Macintosh, durante los inicios de la exitosa línea de computadoras de Apple. Sin embargo, en esta ocasión no hablaremos sobre los grandes productos tecnológicos de Apple, sino sobre la gran pasión que Jobs tenía por la tipografía y cómo fue que surgió.

 

Primer Apple Macintosh (1984)

En el 2005, Steve Jobs dio su legendario discurso en la universidad de Stanford. Fue en esta oportunidad que contó la historia del origen de su amor por la tipografía. Luego de haber pasado seis meses en el Reed College, Jobs entendió que aún no sabía realmente qué hacer con su vida y que su estancia en la universidad no tenía ningún propósito. Por lo tanto, decidió abandonar sus estudios, aunque siguió viviendo en el campus por dieciocho meses más y acudiendo a ciertas clases que despertaban su curiosidad.

Una de ellas fue el curso de caligrafía, una de los mejores en el país, de acuerdo con Jobs. Allí conoció el mundo de la tipografía y quedó fascinado con ella. Pensó que no tendría alguna aplicación práctica en su vida; no obstante, sabemos lo útil que fue para él a la hora de diseñar el Mac, “el primer ordenador con tipografías bellas”. Según Steve Jobs, si él nunca hubiera dejado sus estudios, probablemente nunca hubiera aprendido sobre tipografía y los ordenadores personales no tendrían múltiples tipografías ni caracteres con espaciado proporcional, puesto que Windows no hizo más que copiar el Mac, en su opinión.

 

Con esta anécdota, Jobs busca dejar una enseñanza de vida muy importante: confiar en que todo tiene una razón de ser. Quizá, en su momento, él no pudo ver el lado positivo de haber dejado la universidad o de haber entrado a aquella clase de caligrafía. Sin embargo, más adelante, fue capaz de conectar todos los puntos y notar que cada suceso lo llevaba hacia algo más grande. Creer te dará la confianza de seguir a tu corazón, y esta filosofía fue la que marcó la diferencia en la vida de Steve Jobs.